20/07/2006

A carreras

Archivado en: Terrorismo, Internacional, Guerra — phestar @ 22:34
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Retomando mi tema de ayer, el conflicto que cada vez se acerca más a una guerra abierta entre Líbano e Israel (o al menos entre Hizbulá e Israel), es curioso comprobar cómo nuestro gobierno se apresura a tomar una posición parcial y bien definida mientras el resto de naciones del mundo intentan mediar en el conflicto y llegar a una solución mediante vías diplomáticas. Una vez más, Zapatero ha demostrado su encasillamiento en las posturas habituales de la izquierda española en particular y europea en general: antisemitismo, antiamericanismo, apoyo incondicional a las causas árabes o islámicas (a pesar de sus atrocidades) y así sucesivamente. Pañuelo palestino incluido esta vez, imagino que para regocijo de muchos. Es sintomático de la enfermedad que la aqueja ver cómo la izquierda se posiciona al lado de los defensores de una de las religiones más desigualitarias y que más desprecio sienten hacia los derechos humanos más básicos.

También ha salido a la calle, por supuesto, un renovado movimiento del “No a la guerra”, que debería cambiar su nombre a “No a algunas guerras” (es decir, las que le parezcan mal al PSOE), porque desgraciadamente he notado su ausencia en las calzadas españolas en demasiadas ocasiones. A la cabeza de la manifestación de Madrid, Pedro Zerolo, destacado defensor de los derechos de los homosexuales en España y que quizás debería aprender más sobre lo que les hacen a sus compañeros de condición sexual en países como Irán, Siria o el propio Líbano, además de lo que dice la religión musulmana sobre ellos.

Finalmente, tampoco es que yo quiera justificar la desproporcionalidad de Israel en respuesta a los ataques terroristas, pero la verdad es que estoy un poco cansado de la polaridad y la manipulación que se intenta ejercer sobre la ciudadanía. Ni todos los árabes son terroristas que se inmolan dentro de autobuses, ni todos los hebreos son soldados despiadados que matan niños a distancia con sus potentes rifles. Pero, en los dos casos, algunos sí que lo son, no sólamente en uno de ellos. Y también, en ambos bandos, hay personas inocentes que sufren la obcecación de unos cuantos. Simplemente digamos que algunas cosas nunca cambian.