Estoy seguro de que todos hemos hecho de niños alguno de esos problemas sobre un tipo que sube un número determinado de escalones y baja otro número diferente de escalones en una escalera, repitiendo el ciclo hasta llegar arriba (o abajo). A pesar de que algunos siempre pensamos que realmente el tipo era un poco estúpido, voy a plantear una situación que me será muy útil para transmitir una idea más adelante en esta entrada:
Imaginemos a nuestro amigo del problema parado, por ejemplo, en el escalon número 100 de la ya mencionada escalera. Ahora, le decimos que le permitimos subir 2 escalones cuando quiera, siempre que justo a continuación (y de forma obligatoria) descienda otros 3. Y la pregunta es, ¿qué deberá hacer nuestro hombre para alcanzar la máxima altura en la escalera?.
La respuesta, por supuesto, es una idiotez (aparte de que la pregunta suele ser sobre el número de ciclos). Lo que deberá hacer el de la escalera es quedarse parado, no ejecutar ninguna iteración de subida y bajada, pues siempre perderá un escalón en cada ciclo. El escalón número 100 es su altura máxima, la situación de partida.
Y ahora se preguntará el lector sagaz, ¿a qué viene todo esto?. A que, desde mi punto de vista, Hizbulá es el hombre que está en la escalera. Por cada misil que lance sobre territorio israelí habrá decenas que lloverán sobre el Líbano. Así pues, ¿cuál sería la mejor situación para Hizbulá y para Líbano?. Parar los ataques. Y, de forma análoga a lo que sucede en el problema de la escalera, lo mejor hubiese sido no empezarlos jamás.
Curiosamente, la fácil solución que he esbozado aquí parecer ser la única que no se plantea el gobierno español (o la izquierda en general). Condenas a Israel (que sí, que se está pasando), corredores de la ONU, consejos de seguridad, intervenciones extranjeras… ¿pero a nadie se le pasa por la cabeza que los que más a mano tienen una solución son los terroristas islámicos de Hizbulá?. Ah, es verdad, se me olvidaba, que “no es terrorismo, es resistencia”. O eso dicen “los pacifistas”.

