No, no estoy hablando de ordenadores a pesar de lo que el título parezca indicar. Estoy hablando de la vía rápida hacia el pasado que ha decidido tomar el gobierno del PSOE con su ya prometida Ley de Memoria Histórica, aprobada recientemente. Hace ya 70 años que España sufrío una guerra fratricida y nefasta, como todas las guerras civiles, y aunque la voluntad del pueblo español es pasar página y mirar hacia delante, al parecer Zapatero se revuelve por las noches en su cama recordando la contienda.
Sin embargo, mientras aprueba esta ley, el gobierno celebra actos de homenaje a la II República, que desde luego no puede calificarse como un periodo brillante en la historia española y cuya política es causa directa del alzamiento militar de 1936. No quiero con esto justificar este último, pero la relación causa-efecto está muy clara, desde mi punto de vista. Como siempre he dicho, cualquier gobierno debe tener en cuenta todos los sectores sociales en su política y no sólo aquellos que le dieron su voto. Los gobiernos de izquierdas de la II República no sólo no siguieron esta recomendación sino que se alejaron de ella de forma absoluta.
Siguiendo con la Ley de Memoria Histórica, se prohibirá la conmemoración del 20-N en el Valle de los Caídos, que no pasaba de la reunión de nostálgicos que realmente no sé a quién hacía daño. Puede que mucha gente no esté de acuerdo con las ideas de los asistentes, pero el derecho de reunión y la libertad de expresión cada vez están más en entredicho en este país. No obstante, estoy convencido de que se seguirán autorizando y alentando todo tipo de manifestaciones de extrema izquierda, homenajes a Stalin incluidos si se tercia.
En resumen, esta ley no pretende sino alterar los ánimos removiendo un pasado ya superado, llevándose por delante ese pacto social tácito de no mirar atrás que se ha dado en denominar el “espiritu de la Transición” y que nos había llevado hacia delante, hasta el momento, como una sociedad unida, democrática y de progreso. Deberían pensar en cambiarle la denominación añadiendo una palabra al final: Ley de Memoria Histórica Parcial. Porque mientras se condena a unos, a otros se les nombra doctores o se pone su nombre a estadios olímpicos.
Finalmente, como aviso para navegantes, que conste que a mí me parece muy bien que la gente quiera recuperar los cuerpos de sus familiares abandonados en cualquier parte y darles una digna sepultura. Simplemente digo que esta ley abre heridas ya cerradas y además tiene muchas más directrices aparte de la justa inhumación de los cadáveres, que traen consecuencias, como ya he dicho, que llegan a vulnerar los derechos fundamentales de los españoles. La obcecación del gobierno español con vivir en 1936 llega ya a cotas exageradas, pero no hay ningún desagravio que pueda librar a nuestro presidente de su obsesión.

