Mientras Galicia arde por los cuatro costados, descubrimos que el gobierno gallego no quiso pagar 224.000 euros, aduciendo escasez presupuestaria, para prevenir los incendios, pero sà aflojó 567.000 para proyectos en pueblos indÃgenas, que seguro que queda muy bonito a los ojos de los sectores progresistas. Quede claro que veo muy bien que se destine dinero para estas cosas, pero la vida es una cuestión de prioridades, y creo que los gallegos lo hubiesen tenido muy claro si se les hubiese preguntado. Además, supongo que habrán aderezado los euros con unos cuantos viajes para consejeros y gente de similar bajeza moral, para que asà puedan comer algún tipo de brote silvestre machacado y traerse un Ãdolo tallado en madera tropical, que son las cosas que molan de verdad.
De todas formas no deben sorprendernos este tipo de actuaciones pues, como Maragall ha afirmado con ocasión de la entrada en vigor del nuevo estatuto catalán, el estado central tiene ya un papel “residual” sobre su autonomÃa y, en definitiva, “Cataluña puede hacer lo que quiera” porque ya tiene “una nueva constitución” (la minúscula la he puesto deliberadamente). Supongo que esto significa que piensan pasarse la auténtica Constitución (la mayúscula obedece a regla gramatical) por el envoltorio epidérmico de los atributos sexuales masculinos, esto es, por el forro de los cojones. Por supuesto, ante la pasividad/complicidad del gobierno socialista.
Finalmente, la rama polÃtica de ETA intenta celebrar a toda costa su manifestación ilegal, y salvo que los antidisturbios lo impidan, me temo que tendremos que volver a ver a la cúpula de la organización terrorista exultante mientras proclaman sus consignas exclusivistas y xenófobas a los cuatro vientos por las calles de San Sebastián.
En resumen: está cruda la situación en este bonito paÃs llamado España.

