Últimamente no dejan de sorprenderme las noticias relacionadas con los “nacionalismos” que sufrimos en este país.
Comencemos por la exigencia del BNG de un huso horario diferente para Galicia. Supongo que en ningún momento se habrán planteado la descabellada posibilidad de que alguien trabaje en Galicia pero viva en Asturias o Castilla y León (situación que seguro que es bastante frecuente en las zonas limítrofes) o viceversa. Imaginemos la situación de una persona que viva en Galicia pero trabaje en León. Imaginemos que esa persona entre a trabajar a las 8 de la mañana, hora de Castilla y León. ¡Sorpresa, en Galicia serán las 7 de la madrugada, y tendrá que levantarse cerca de las 6 (suponiendo que se prepare rápido y no esté muy lejos de donde va)!. También puede optar por seguir viviendo por la hora de Castilla y León, es decir, del resto de España salvo las Canarias, pero entonces, ¿qué sentido tendría el cambio?.
Por otro lado, no sé si los ilustrísimos y cultivados miembros del BNG lo sabrán, pero a casi toda España le correspondería la hora que ellos proponen, pues el meridiano correspondiente pasa aproximadamente por Valencia. Las razones de que se haya adoptado la hora que tenemos ahora son otras, con las que se puede estar más o menos de acuerdo, pero si tan preocupados están por el asunto harían bien proponiendo que el cambio de hora se aplicase en toda España. Pero claro, así no serían diferentes, que al fin y al cabo es lo que a ellos les interesa.
En resumen, es racional que Portugal tenga una hora diferente, pues es un país distinto, o las Canarias, que están relativamente “aisladas” (nadie interprete connotaciones negativas), pero no lo es que comunidades limítrofes, en un país tan pequeño como España (en países como EEUU o Rusia es inevitable), tengan husos horarios distintos.
Otro gesto que me ha hecho mucha gracia es la retirada de las banderas en Cataluña. Al parecer la situación ya viene desde atrás, y es frecuente que la bandera española desaparezca de la fachada de la Consejería de Gobernación, pero hasta ahora a nadie le había importado demasiado. Incluso sin entrar en polémicas sobre lo adecuado o no de ponerla o quitarla, ¿no es acaso consecuencia de este acto el dejar un edificio oficial insuficientemente identificado?. ¿Cómo sé yo, desde la lejanía, sin ver la bandera de España, que puedo buscar refugio en ese inmueble si me persigue el enemigo, sediento de sangre y venganza?. Por supuesto esto es una exageración, pero existe una ley que rige los símbolos que deben mostrarse en los edificios oficiales por algo.
Y finalmente, las juventudes de Convergencia han decidido, mediante una conferencia, que “Cataluña no es España”. Interesante título sin duda para una ponencia que a buen seguro resulta apasionante. Estoy planteándome dar yo una que se llame “España está en Asia”, porque total, imagino que los argumentos serán de un calibre similar en la suya y la mía, consistentes probablemente en un bucle repetitivo de aserciones del título de la conferencia, sin más adornos innecesarios, seguidos del aplauso de las enfervorizadas masas.
Como conclusión, es curioso cómo los nacionalismos han hecho suya la frase que dice “repite una mentira lo suficiente y la gente terminará por creerla”. Paradójicamente, esta frase es de Joseph Goebbels, que como todos sabemos fue ministro de propaganda de Adolf Hitler. Coincidencia, sin duda.
Para comentadores: esto no es anticatalanismo ni nada de eso. Sin duda, es antinacionalismo, pues pienso que esa tendencia política lleva a la desunión (que no hace la fuerza) y el odio entre hermanos. Si alguien desea tomarla con lo de “Cataluña no es España”, quiero expresar desde aquí que estoy de acuerdo con la independencia de las regiones que así lo acuerden, dentro del marco de la Constitución española (que por cierto, hoy es su día) y el derecho de autodeterminación. Pero estoy a favor de la independencia total, con nuevos procesos de incorporación (en algunos parciales y en otros totales) a los organismos internacionales, no de “planes ibarreche” ni “estados libremente asociados”. Eso no son más que convenientes sumideros de dinero.

