Si alguien me quiere convencer de que un 36% de participación expresa el “incontenible anhelo de libertad de los pueblos de España subyugados bajo la aplastante opresión del centralismo (franquista, por lo menos)” lo va a tener muy complicado. Se ha plasmado una vez más el desencuentro entre los proyectos utópicos de la clase política y el pragmatismo de la población en general, cuyos problemas principales son el trabajo, la vivienda y la constante subida de los precios.
Como siempre digo: maldito federalismo que nadie pidió.

