Al parecer, soplan nuevos aires en Ermua. Cuando en 1997 se produjo una de las ejecuciones más viles y miserables (aunque todos los asesinatos lo son) por parte de ETA, la de Miguel Ángel Blanco, toda la ciudadanía de España se volcó en su apoyo y en plantarle cara a la banda terrorista, incluido el equipo de gobierno de su pueblo natal y del que formaba parte, Ermua, liderado por Carlos Totorika, miembro del PSE. Se ve que de aquella el rédito político estaba en estar al lado de la democracia, de la libertad y de la Constitución, pues ahora ha quedado meridianamente demostrado que muchos de los políticos (incluso uno del Partido Popular) que entonces se posicionaron de esa manera sólo lo hacían por interés, y no porque sintiesen de verdad la necesidad de enfrentarse con firmeza y valentía al terrorismo.
Una década después esos ideales han debido quedar caducos. Ahora lo que de verdad es divertido, lo que de verdad “se la pone dura” a los políticos vascos es negociar con los terroristas, ceder a su chantaje o permitir que formaciones ilegalizadas y reconocidas internacionalmente como bandas armadas concurran a las elecciones. Todas esas tonterías de “libertad”, “tolerancia” o “respeto” no son más que un ancla que les liga a su “pasado españolista” y de la que deben desprenderse con presteza si no quieren ser asociados con los “millones de falangistas” que moran en las “tierras castellanas”. Qué es esa afrenta de intentar poner freno a la “juventud vasca” y su derecho a ejercer la libertad de expresión libremente, quemando autobuses o cajeros; cómo es posible que no se entienda que “la solución al conflicto vasco” pasa por la liberación de cientos de asesinos (y la absolución de los que aún no están en la cárcel) y la integración de Navarra en el País Vasco; quién osa dudar de que los verdaderos héroes de la “revolución socialista vasca” son los valientes y aguerridos “gudaris” enviados por Dios para liberar al “pueblo euskaldún” de las “cadenas del franquismo”, mediante sus siempre justas y necesarias ollas exprés llenas de clavos y tornillos, ansiosos de cercenar y abrasar la carne de sus enemigos, o sus nunca bien ponderados tiros en la nuca, realizados de esta manera para así plasmar una vez más el coraje del “guerrero vasco”, que se enfrenta a sus víctimas sin el más mínimo ápice de cobardía.
En todo caso, sarcasmos aparte, vaya desde aquí mi apoyo para el Foro de Ermua y sus miembros. ¡Seguid resistiendo, valientes!. ¡No os dejéis amedrentar por la irracionalidad de quienes no quieren escuchar unas verdades demasiado incómodas para sus ambiguas conciencias y que hacen, y harán, lo imposible por acallar vuestras voces!.

