Llevan toda la tarde los aviones del ejército español zumbando sobre mi casa para defender, paradójicamente, a uno de los mayores enemigos de la patria a la que representan: José Luis RodrÃguez Zapatero. Porque el Presidente del Gobierno ha decidido acordarse en el último dÃa de campaña de su ciudad, León, y organizar un baño de multitudes para sà mismo en el Palacio de los Deportes, que está relativamente cerca de mi casa.
León, como tantas otras ciudades españolas, vive una situación de equilibrio entre los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, por lo que incluso aquà la llave de la alcaldÃa la tienen los partidos nacionalistas, UPL y PAL, aunque este último seguramente no obtendrá ningún concejal. Zapatero no puede, por supuesto, arriesgarse a un resultado negativo en su propia ciudad, por aquello del “qué dirán”, y está poniendo toda la leña en el asador en este fin de campaña. Y vaya por delante que no soy especialmente partidario de ninguno de los dos candidatos, ni del popular Amilivia, ya famoso en toda España por su pasodoble (”Amilivia, Amilivia, tu serás de nuevo alcalde”), ni del socialista Francisco Fernández, apodado “Paco Raquetas” por su afición al tenis que le llevó a organizarnos un polémico máster de tenis en León hace unos años.
Al tema: ¿prometerá Zapatero otra vez la eliminación de los peajes (hacia Astorga y Asturias) de nuestra provincia como hizo hace tres años en las elecciones generales o preferirá ignorar el tema y permitir que sigamos pagando auténticos atracos por circular por autopistas de mierda (ahora vivo en Gijón y recorro con asiduidad la del Huerna, que siempre está plagada de accidentes, tiene carriles cortados y el asfalto reventado del frÃo)?. ¿Se perderá de nuevo en vagas promesas de mejora industrial e implantación de empresas tecnológicas en nuestra provincia?. Preguntas sin respuesta. No obstante, la masa de enfervorizados seguidores que sin duda acudirá aplaudirá a rabiar y la sonrisa de complacencia caracterÃstica de nuestro presidente aflorará a sus labios mientras eleva los brazos hacia el techo del pabellón como señal de victoria. Y la mentira y la hipocresÃa quedarán ahogadas bajo el sonido de las manos al batir, pero sin duda aquà todo seguirá como siempre. Porque somos pocos votantes (y pocos escaños) y eso en la España de los pactos y las subastas no sirve de nada.
Por cierto, que yo ya voté. Por correo, pues no sabÃa si este fin de semana vendrÃa a León. Pero yo no tuve jornada de reflexión, tuve que votar en plena campaña, con los rÃos de propaganda polÃtica inundando la televisión, la radio, la prensa y el buzón.

