16/07/2007

Levantando el pie

Me lo estoy viendo venir. De aquí al final de la legislatura, para lo que ya no falta demasiado, el gobierno socialista va a aplicar tres principios fundamentales, que después detallaré, para intentar asegurarse una victoria en las elecciones, no lo quiera Dios. Bueno, entendiendo por supuesto “victoria” como “mayoría tal que, pactando con todos los partidos nacionalistas de España, permita controlar el Congreso con una diferencia igual o superior a un escaño respecto al Partido Popular”. Aunque suene como eso de “en Escocia hay al menos un campo que contiene al menos una oveja que tiene al menos un lado negro”.

Ahora, a por las tres máximas:

  • No promulgar leyes demasiado polémicas, hacer cesiones exageradas a los socios antiespañolistas del gobierno (aunque para ésto les han legado muy a deshora las pretensiones del gobierno catalán de ocuparse totalmente de la gestión tributaria) o seguir de forma muy marcada con la política de tolerancia hacia el terrorismo aplicada hasta ahora. A ésto es lo que me refiero con el título de esta entrada. Porque los miembros del gobierno listos se han dado cuenta de que si una legislatura tiene cuatro años, hay que reservar los primeros y los últimos seis meses para ser comedido y no asustar al electorado, no mucho al menos. Pero en los tres años que hay por el medio se puede hacer cualquier barrabasada y de hecho así se ha hecho.
  • Ante cualquier escándalo que surja cuya responsabilidad sea directamente del gobierno o de prefecturas locales del Partido Socialista, actuar omitiendo cualquier información y evitando directamente hablar del tema. Para este propósito viene muy bien el hecho de tener controladas la mayoría de cadenas de radio, televisión y medios escritos del país a través de la macrocorporación PRISA, así como la situación de permanente secuestro de los medios públicos. También está de perlas haber conseguido convencer a la opinión pública española de que escuchar la COPE o leer El Mundo es un asunto únicamente de radicales. Aunque continuamente suban en oyentes y lectores.
    • Corolario: si no se puede tapar un escándalo determinado, se intentará echarle la culpa del mismo al PP, aunque sea totalmente descabellado. El votante medio del PSOE, al escuchar esto, se dará por satisfecho, pues es “lo que quiere oír”, y no se molestará en investigar la veracidad de la acusación.
  • Finalmente, seguir machacando con lo mismo de siempre, porque debe ser lo único que hizo mal el PP en sus ocho años de gobierno, o al menos lo único que se le echa en cara: “la guerra ilegal”, “el partido de la guerra”, “el partido que traicionó la confianza de los españoles”, “el gobierno que mintió a todo un país”, etc, etc, etc. Bueno, también está lo del Prestige, por supuesto, pero de eso ahora conviene no hablar mucho.

Por supuesto, todos los socios del PSOE aplicarán las mismas reglas (salvo la de pedir cosas, que eso sí que no lo pueden contener), dando de nuevo la sensación de “todos menos el PP” que tanto les conviene para convencer a los españoles de que sólo existe un partido, un pensamiento y una forma de hacer las cosas en este país. Con talante, al estilo Zapatero, sin llevarle la contraria a partidos con 100.000 votos, que son los que importan, y no los que tienen más de diez millones.

Así que cada día que pasa más me temo que en marzo pase lo peor, teniendo en cuenta de que en maestría propagandística nadie gana a la izquierda, aunque prefiero no pensarlo. ¿Algún amable lector que me cure de mi pesimismo nocturno, por favor?.