Si alguno ha tenido el “placer” de ver el programa de Buenafuente, en la Sexta, esta noche, habrá comprobado el giro tan curioso que le ha dado su presentador al mismo. Lo digo, más que nada, porque durante un buen rato Buenafuente le ha practicado una sabrosa, viciosa y placentera felación a Carod-Rovira durante la entrevista que le ha hecho. El señor Rovira ha tenido a su disposición un púlpito muy amistoso para extender una vez más sus ideas excluyentes (”los españoles son idiotas porque se sienten orgullosos de saber un sólo idioma” (y tú qué sabes cuántos idiomas hablo yo, imbécil, vivan no obstante los paréntesis anidados), “hasta los chinos saben pronunciar mi nombre pero los españoles no”) ante la complacencia del público y del conductor del espacio televisivo.
La verdad es que no tenía intención de verlo, pues Buenafuente siempre ha estado bastante cojo, pero desde que pasó de Antena 3 a la Sexta no ha perdido ni un momento para terminar de descubrirse como el radical que es (si no me equivoco, fanboy de la línea dura del PSC). “¡Fíjate si será fácil el himno español que hasta nosotros nos lo sabemos!”, decía alegremente el otro día. Así que aplicaré la máxima aquella de “si no te gusta, no lo veas”, aunque me entristece que los medios cada vez sean más homogéneos y, sin duda, homogeneizantes. ¡Beee, beee!
Hay que ver qué amigos que tiene el zorro de Zapatero. Lo del zorro lo digo, más que nada, por aquello de “con zeta de Zapatero”, no porque quiera asociar a nuestro brillante presidente con un animal que con nocturnidad y alevosía ataca el bien común, el gallinero. Aunque ahora que lo pienso… Bueno, fuera de bromas, como iba diciendo, vaya amigos que tiene ZP en individuos como Fernández Bermejo, que a sabiendas del “parón” en la radicalidad de su discurso (ver esta entrada) de cara a las elecciones desvela los planes del gobierno para reabrir la negociación con los asesinos de la banda terrorista ETA. Posteriormente, al ser Bermejo interrogado al respecto, ha aludido a un tiempo muy lejano, a que, en todo caso, serían planes para un futuro en lontananza, que, en definitiva, de momento van a dedicarse a detener y ya después soltarán al calor de otra tregua trampa y otro proceso de paz más propio de Calleja que de la pura y dura realidad. Aunque bien pensado, quizás no es mala estrategia, ahora quieren ser como Chuck Norris en Walker, Ranger de Texas* (cuando salen De La Vega y Rubalcaba a dar ultimatums no puedo evitar acordarme del bueno de Chuck) y capturar terroristas a diestro y a siniestro para así tener una buena baza para iniciar la negociación anunciada por el ministro cuando llegue el momento.
Pero no, los españoles ya hemos visto muchas veces de qué va el juego, no queremos negociación ni el próximo mes, ni el próximo año, ni dentro de diez. Queremos que se acabe con ETA de una vez, con todo el peso de la ley, sin milongas progresistas (verbi gratia, “todo terrorismo nace de una desigualdad y sólo puede terminar de forma dialogada”), con contundencia y decisión. ¿Qué pensarán ahora los terroristas que saben que en no mucho tiempo podrán volver a disfrutar de los halagos del gobierno, a saborear en sus labios el dulce gusto de la rendición de un país entero?
Por cierto, hay que ver qué poética y relamida (¡más que de costumbre!) me ha quedado esta entrada, perdonad mi pedantería.
* (letra de la música de inicio de Walker, Ranger de Texas):
In the eyes of a ranger,
The unsuspecting stranger,
Had better know the truth of wrong from right,
‘Cause the eyes of a ranger are upon you,
Any wrong you do, he’s gonna see,
When you’re in Texas, look behind you,
‘Cause that’s where the rangers gonna be.
Hoy es el día de la Hispanidad o, lo que es lo mismo, la fiesta nacional de España. Desde siempre he envidiado cómo celebran en otros países su fiesta nacional, lanzándose a la calle portando banderas y tirando petardos, celebrando un día grande para ellos, sin tener que esconderse, compartiendo un sentimiento común con el resto de los ciudadanos y, en cualquier caso, respetados por aquellos que no lo comparten. Sin embargo, esto es España, la nación en la que el reloj mental de muchas personas se detuvo en los años 30, incluso a pesar de no haber nacido. Aquí lucir tus símbolos nacionales es motivo de insulto mientras que su quema y su ultraje es un “ejercicio de libertad” (que conste que reconozco que sobre esto se podría discutir mucho y existen puntos de vista que sostienen que así es, aunque un aviso para la izquierda: entroncan con los principios básicos del liberalismo). Todos los antiespañoles que paradójicamente habitan nuestro país se han lanzado a recordar que hoy es el “Día Mundial del Huevo” con orgullo desmedido, a pesar de que hasta hace una semana ni siquiera tenían conocimiento de tal celebración. A ver si les entra a todos una buena salmonelosis que les agarre a la taza del váter todo el puente, aunque por suerte los controles sanitarios de este país que tanto odian garantizan que eso sea cada vez menos frecuente. Pero es que parece que no se trata de que uno celebre lo suyo en paz sino de menospreciar lo que los demás celebran. Y por cierto, adoro el huevo, todos sus derivados y todas las formas de prepararlo.
Por otro lado, habrá quien diga que no hace falta ponerse así por “lo de las banderas”, pero es que una bandera no es sólo eso sino también lo que representa, y en mi caso mi bandera representa a España, una nación que amo y de la que estoy orgulloso. ¿Y por qué debería avergonzarme decirlo? Por no poner casos individuales, recomiendo darse un recorrido por los blogs que aparecen enlazados en éste, pues quien más y quien menos tiene su visión personal de este día y cómo se celebra (o no).