No, no me he vuelto monárquico de repente (sobre eso, por cierto, debería hablar algún día). Lo que pasa es que me ha encantado ver al Rey mandando callar al idiota de Hugo Chávez, y retirándose después cuando el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se entretenía insultando a nuestro país. Zapatero y Moratinos, por supuesto, se quedaron sentados escuchando la perorata. Lo que yo no sé es para qué vamos a la Cumbre Iberoamericana, si total, sólo vamos a oír cómo nos ponen a caer de un burro. Supongo que para darle sentido a su nombre, porque para otra cosa…
En fin, una vez más se demuestra que nuestro gobierno se equivoca de “amigos” y haría muy bien reconduciendo su política exterior.

