Esta semana hemos podido leer los nuevos planes del gobierno para incentivar el consumo de cine español, que incluyen aumentar las tasas de doblaje y los precios de los DVDs y entradas para películas de habla extranjera. Casualmente, éstas suponen aproximadamente el 90% de la cuota de pantalla en nuestro país, así que puede deducirse que la medida nos va a afectar prácticamente a todos.

Y yo me pregunto, ¿hasta cuándo vamos a tener que financiar producciones ruinosas, dirigidas por vividores de pancarta y camiseta, que dejan los cines vacíos debido a su altísima calidad?. Si lo que intentan es convencernos de que el cine no es un negocio sino que se debe apoyar, hasta cierto punto, como cualquier otro arte que pongan las películas españolas gratuitamente (o al menos a un precio razonable) en bibliotecas o museos y ya decidirá el público si desea o no asistir. Pero no, es mucho mejor subir el precio de todo lo demás y mantener el caudal actual de dinero hacia los “genios creadores” de este país. Pues yo no me trago que un drama sensiblero y de lágrima fácil de “putas, yonkis y maricones” en “barrios marginales” que “destaca por su dureza” sea arte, y prefiero no ir al cine que ir a ver la basura que son algunas películas españolas. Que además, ya bastante triste es la vida a veces como para ir al cine a deprimirse y si quiero ver a las putas o a los yonkis me voy a la calle paralela a la mía (literal).
Algunos partidarios de medidas como esta argüirán que “si no la gente sólo va a ver mierda” o que “la película española de mayor éxito es Torrente”. Bueno, ¿y qué, papá Estado?. El libro más vendido ha sido el Código Da Vinci, ¿no?. La cultura puede ir por dos vías: por el mercado de consumo de masas o por un mercado alternativo en el que los autores no quieran hacerse ricos sino dar a conocer su obra, que ya he mencionado en el párrafo anterior. El problema es que en el cine español la gente quiere hacerse rica, difundir sus películas a través de los canales de masas y que les paguemos entre todos la broma. Y es que la farlopa sigue yendo cara, claro, pero con cuarenta millones de productores las películas se hacen solas. Pero si quieren jugar en el campo de los negocios que se atengan a sus reglas o si no que se vayan a otra liga.
Finalmente, quiero comentar que el problema no se circunscribe únicamente al séptimo arte sino que también existe otra legión, aunque menor, de cuentistas y encantadores de serpientes alrededor de casi cualquier cosa que uno se pueda imaginar: pintura, escultura, literatura, etc. Ni que decir tiene que cuanto más afines sean las ideas del sujeto y el gobierno, mayores son sus posibilidades de meter la mano en la bolsa común. También aumentan considerablemente si la obra en cuestión realiza algún tipo de revisionismo histórico parcial y desenfocado, es decir, cualquier cosa que trate sobre la guerra civil o la dictadura franquista ganará muchos puntos en la carrera salvaje hacia la subvención.
También han hablado de ello en DOCE DOCE y en Barrapunto, entre otros sitios. Por cierto, cuando digo lo de “putas, yonkis y maricones” no es mi intención ofender a alguien. Simplemente pienso que, por desgracia, hay hoy en día un género de cine español que podríamos llamar así y que además se nutre de muchos de los tópicos que existen sobre esos colectivos.
En la imagen se puede ver a dos directores españoles esperando la próxima subvención del Ministerio de Cultura.

