1/05/2007
Hoy solamente escribo para expresar mi apoyo al autor de Este lado de la galaxia, que está siendo amenazado mediante SMS durante los últimos días (y no es el único, mucha gente ha recibido emails amenazantes). El número en cuestión, por si a alguien le suena y quiere o puede arrojar más luz sobre el asunto, es el +34610845138. Y para no extenderme más en relatar los hechos, y porque además creo que es mejor leerlos de primera mano, enlaces a cómo lo cuenta el propio Ignacio (entradas en orden cronológico):
Como se suele decir: “ladran, luego cabalgamos”. Aunque podían meterse sus amenazas y sus modos mafiosos por donde les quepan, hay que ver lo que jode la libertad de expresión a algunos, si pudiesen nos mandaban a todos al Gulag. También ha escrito sobre el tema Hartos de ZPorky (y me ha avisado en un comentario de que había más movimiento respecto al tema) y ha dado luz sobre una campaña orquestada por el PCE para acosar determinados blogs “incómodos”, por decirlo así.
26/03/2007
Hace años me gustaba pensar que en este país era más o menos posible expresarse libremente en cualquier parte, tanto más si es en el centro de una capital, a plena luz del día y rodeado por miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.
Sin embargo, una imagen vale más que mil palabras, y aquí queda la prueba de que mis pensamientos eran simplemente utópicos. No tiene desperdicio tampoco la cara de “preocupación” (¡ja!) que pone el ertxaina mientras Antonio Aguirre, dirigente del foro de Ermua, se retuerce de dolor tras recibir una patada en los huevos, hablando mal y rápido.
Por otro lado, me temo que como viene siendo habitual en todos los vascos que cometen delitos últimamente, el agresor también quedará impune.
3/12/2006
Y es que yo también vivo en eso que se ha dado en llamar “barrio multicultural”. Pero si pudiese no lo haría, pues desde hace unos pocos años para acá (3 o 4), han operado una serie de cambios muy interesantes en mi vecindario y en mi vida, que a continuación relato. Ruego al lector que llegue hasta el final de esta entrada antes de sacar conclusiones apresuradas y dirigirse a impresionante velocidad a la sección de comentarios:
- Las calles están tan sucias que la mierda es ya añeja, está tan agarrada a la acera que no hay forma de despegarla, por mucho que se afanen los minicamiones de limpieza que circulan por ellas. Continuamente aparecen muebles viejos y rotos cerca de los contenedores, así como todo tipo de restos orgánicos (trozos de hígado, fruta podrida, etc) tirados en cualquier parte del barrio.
- A cualquier hora del día o de la noche pasan coches con el motor revolucionado de manera extrema (debe ser que el tamaño del miembro viril va en proporción al ruido que emite su vehículo, o al menos eso deben pensar los ocupantes de los citados automóviles), despertándote o perturbando tu existencia en general.
- Las mañanas se ven amenizadas ahora por “reguetón” a un volumen inconmensurable. La propia cama (y la silla en la que ahora mismo estoy sentado) vibra del volumen desplegado por los aficionados a esa música de ritmo tranquilo y nada machacón. Imagino que no hace falta que mencione que así como comienzan por la mañana, los “pegadizos ritmos” se extienden en ocasiones hasta bien entrada la noche.
- Puedes encontrarte yonkis por el barrio, tanto a pie como en coche (que mantienen arrancado durante horas y horas y que como suele ser un cascajo hace temblar las ventanas con su ralentí), con todo tipo de actitudes, desde preguntarte dónde está la casa donde venden la droga (que por cierto, la policía podía hacer algo de una vez) hasta intentar embaucarte para alejarte de las cámaras del cuartel de la Guardia Civil, que paradójicamente está al lado de mi casa, para intentar robarte lo que llevas encima. Por supuesto, no hay que acceder a sus peticiones, sino que hay que permanecer firme en la convicción de alcanzar la relativa seguridad del hogar. Cada día puede ser una gran aventura, supongo que es la parte positiva.
- Todos los coches que duermen en la calle, que es el caso del mío, tienen que sufrir todo tipo de agravios y desperfectos: desde los típicos rayones “inocentes” hasta los retrovisores arrancados de cuajo, pasando por impactos muy claros de piedras y o canícas (pues los niños también se divierten de lo lindo) o manchas por toda la carrocería de algo tan extraño como moras (al parecer es divertido tirarlas desde las ventanas a los coches). También es otra práctica habitual vaciar los ceniceros hacia la calle desde las casas, con lo que es posible que el coche aparezca cubierto de ceniza y/o colillas. Aunque debo reconocer que lo más raro que me he encontrado ha sido una rodada de bicicleta en el capó. De todas formas al mío de momento no le ha tocado llevarse ningún golpe fuerte, cuyo causante por supuesto se marcha inmediatamente del lugar y no vuelve a aparecer jamás.
- Mientras andas por el barrio se te puede dirigir cualquier persona como si te conociese de toda la vida, con toda confianza (y no me refiero únicamente a los yonkis que he mencionado antes), para cualquier motivo estúpido. Pedir dinero o cualquier tipo de favor del estilo de “vete a tal sitio y dile a tal persona tal cosa” (también hay que negarse a esto) es lo más común, pero a mí me han llegado a parar para decirme que me parezco al primo “del buli”. ¿Pero a mí que cojones me importa si me parezco al primo “del buli” o a su puta madre, hablando rápido y mal?. Yo quiero que la gente me pare para pedirme la hora o preguntarme dónde está una calle, o en todo caso por algún motivo de fuerza mayor, y nada más.
- Frecuentemente se originan peleas o los yonkis la emprenden a puñetazos y patadas contra el mobiliario urbano (contenedores, papeleras, etc) porque están descontentos con la droga que les han dado o con el precio que les han cobrado. También son habituales las discusiones a grito pelado (incluso desgarrado, diría yo), por cualquier idiotez.
- No es demasiado raro encontrase con manchas en la ropa que has tendido limpia horas antes. Muchas se pueden quitar mediante otro lavado, pero algún malnacido ha decidido tirar cosas como lejía o silicona por el patio de mi edificio.
- Muchas otras cosas que ahora mismo se me olvidan pero que forman parte del día a día en esta parte del globo. O al menos en mi barrio.
Y mientras todo esto ocurre, esos políticos que se llenan la boca con las palabras “integración” y “tolerancia”, que viven en los barrios céntricos de la ciudad (que ni que decir tengo que no son “multiculturales”), ¿qué hacen?. Su concepto de “integración” es juntarnos a todos y que nosotros nos entendamos como podamos. Me da igual que me llamen racista o xenófobo, pero si algo tengo bien claro es que si en un tiempo futuro tengo dinero viviré en un barrio completamente “homogéneo”, por decirlo así. Pero ahora vendrán todos los que nunca han “disfrutado” de mi experiencia a tildarme de nazi y ponerme a caer de un burro, o a intentar convencerme de la alegría que transmiten la música y los gritos a todas horas en un vecindario. Que se vengan a vivir aquí, que tengo una cama libre, y luego ya me contarán qué tal.
En fin, ahora me voy a dormir porque en unas pocas horas, ¡toca reguetón! (y no, esto no es el anuncio de la lotería de navidad, es una desgracia que toque). Y cuando ataca no hay quien duerma, el hecho de apoyar la cabeza en la almohada amplifica el sonido aún más, pues su origen está el piso inmediatamente inferior al mío.
24/10/2006
Este pasado mediodía se nos ha presentado en la mayoría de informativos de difusión nacional, como una cosa positiva, el acuerdo alcanzado entre Latin Kings y Ñetas para poner fin a la “guerra” que mantienen desde hace tiempo entre ellos. El acto en sí, sin embargo, tiene desde mi punto de vista dos posibles lecturas.
Por un lado, ¿desde cuando el que dos bandas criminales alcancen un acuerdo es un motivo de celebración?. Cuando dos empresas grandes se fusionan, por ejemplo, se supone que lo hacen para aumentar el grado de consecución de sus objetivos: vender más, llegar a diferentes sectores de la población, abaratar los costes de producción o incrementar la calidad de sus productos. No obstante, ¿cuál es el negocio de estas bandas?. Los secuestros express, los atracos, los ataques a la salida de los cajeros, los robos, los asaltos y los asesinatos, en definitiva. E incluso, poniéndose algo duros: ¿por qué le tiene que importar al ciudadano medio que miembros de bandas criminales se maten entre sí?. Salvo por la peligrosidad que eso conlleva, como los tiroteos en la calle, no creo que a nadie le quite el sueño (salvo que se equivoquen y dirijan sus balas a quien no las merece). Simplemente sería basura que se saca sola.
Por otro lado, ambas bandas han expresado su determinación de convertirse en asociaciones de tipo cultural alejadas de la violencia. Si de verdad ocurriese, creo que todos lo celebraríamos, pero a mí la verdad es que me suena a un cierto recochineo, como cuando ETA se pone a hablar de derechos humanos. El tiempo lo dirá.