Acabo de leer (bueno, más bien escuchar) una interesante entrada en Ajopringue sobre las libertades de las que disfrutan los cubanos en su propio país. Ni que decir tiene que, por otro lado, a los extranjeros les tratan a cuerpo de rey, hecho que explica por qué los sindicalistas y políticos de izquierdas vuelven encantados de aquel archipiélago, reafirmados, por supuesto, en sus ideales procastristas.
Interesante sin duda pues, aunque no desvele nada que no supiésemos ya, es más impactante oír las cosas de una forma tan clara.
Sin duda alguna hay un derecho inalienable que todos defendemos habitualmente de forma completa: el derecho a la vida. No obstante, tradicionalmente ha habido una excepción al sentimiento de importancia relativo al citado derecho, y es el asesinato o la muerte de dictadores y tiranos.
Gran parte de España se alegró, aunque sin manifestarlo ni celebrarlo públicamente (como es lógico), por la muerte de Franco y nadie se rasgó las vestiduras por ello. El cuerpo de Mussolini fue exhibido y vituperado por las calles de Milán y Hitler se suicidó e hizo quemar su cadaver para evitar actos similares, después de quedar gravemente impresionado por los sucesos en Italia. Y el mundo no se escandalizó, lo consideró “algo normal”. A los ojos de la humanidad ellos eran personajes malvados en grado superlativo, merecían morir.
Sin embargo, ante las muestras de alegría de parte de la población cubana o de personas de otras partes del mundo ante el posible (yo también pienso que es muy probable que ya esté muerto) fallecimiento de Fidel Castro, la gente enloquece y proclama indignada: “no hay que alegrarse de la muerte de nadie”. Y yo digo: ¿por qué?. Yo nunca he vivido bajo el régimen de Fidel Castro así que me va a dar bastante igual si muere o vive, pero quien quiera alegrarse de su muerte que lo haga sin vergüenza. Por favor, la gente desea la muerte incluso de los líderes elegidos democráticamente (Bush, Aznar, etc) y no se la critica tanto. Pero bueno, según Evo Morales, en Cuba hay democracia.
De todas formas, si al final se va Fidel y se pone Raúl poco habrá cambiado la situación.